Apreciado Héctor: Su preocupación que me llega a través de mi hija Teresita, reclama unas pocas palabras de mi parte. Desde la tarde del 21 de octubre del año pasado en que hice uso de la palabra en una reunión de Decanos y Vicedecanos convocada y presidida por representantes de la larga intervención del Gobierno nacional que pesa sobre la UK, mantengo la misma convicción que expresé en aquella oportunidad de manera espontánea y emotiva, cuando se informó a los presentes la posibilidad de la celebración de paritarias en relación con el personal docente y, por lo tanto, del ingreso de la regularización sindical y el comienzo del respeto de los derechos laborales de los profesores de la Universidad. En esa ocasión, como nada conocía al respecto, interpreté la noticia como una iniciativa tomada por la Universidad -enseguida supe que no era así-, pedí la palabra y sólo desarrollé dos ideas. Una, y la más significativa, que si la información expresada se concretaba, esto quería decir que los profesores iban a ser dignificados en su función docente y, la segunda, que el anuncio representaba asimismo una "verdadera revolución" en la vida de la Universidad, pues en casi veintitrés años de actividad académica en ella, esos reconocimientos jamás habían existido. Que los docentes se iban a sentir realmente considerados y satisfechos por la iniciativa y que los decanos teníamos suficiente experiencia para acompañar los cambios progresivos con suficiente prudencia e idoneidad. Esta fue mi exposición ante más de cincuenta autoridades académicas y los representantes de la Intervención que estaban al frente de la reunión, opiniones que confirmo y que sigo sosteniendo, y de las que deseo íntimamente que el cuerpo docente, ahora legítimamente sindicalizado, extraiga los mayores beneficios en una Universidad que sostiene como sus bases firmes desde que se fundó con un claro ideario filosófico y educativo, los principios de equidad social y excelencia académica.
Lo que me sucedió posteriormente a partir del 19 de febrero del corriente año dejándome cesante en mis cargos hasta el despido del 12/6/2010 firmado por un funcionario de appellido Tosto Valenzuela, pertenece simplemente al anecdotario de las instituciones de enseñanza superior de nuestro país cuando se combinan en los procedimientos los intereses y pasiones personales.
Les deseo el mayor de los éxitos en la defensa de vuestros derechos docentes, pues es una de las tareas que mejor ayudará a mantener la continuidad y el mejoramiento de la educación superior argentina. Muy cordiales saludos de FRANCISCO García Bazán (ex Profesor Consulto, Decano del Departamento de Filosofía y Director de la Escuela de Graduados de la UK).
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